Viernes, Julio 21, 2017
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RECUPERACIÓN DE LA SOBERANÍA.

RECUPERACIÓN DE LA SOBERANÍA.

Mesa 3

Preámbulo

De frente a la celebración del Bicentenario de la Independencia Nacional y del Centenario de la Revolución Mexicana, las izquierdas, reunidas para hacer patente ante la Nación y el Mundo, su unidad encaminada a la conformación de un nuevo Régimen Republicano en nuestro país, hemos de reflexionar respecto a los mecanismos para recuperar la soberanía y nuestra identidad histórica, en todas sus expresiones. Por lo anterior, es nuestra responsabilidad retomar los elementos que dieron origen a la Nación Mexicana, profundamente revolucionarios, para dotar de contenido político y social a una celebración que ha sido injustamente arrebatada al Pueblo Mexicano por los grandes intereses mediáticos y económicos y generar, a partir de este relevante acontecimiento, un nuevo movimiento de izquierda que, por sus características, no sólo convenza doctrinariamente a nuestros compatriotas sino que constituya una real y palpable opción de nuevo gobierno republicano a los ojos de los mexicanos.

Debido al grave abandono en que vive la mayor parte de nuestro Pueblo y a la grave crisis institucional y legal en la que nos encontramos, debemos revisar el fundamento del Estado Mexicano, desde el ejercicio de la soberanía popular como eje rector del mandato político; la soberanía de la Nación, de frente a las intenciones de subordinación emprendidas por los Estados Unidos; hasta la soberanía alimentaria y energética, como parte de la alienación económica de nuestro pueblo, todo lo anterior en el marco de una profunda reconcepción de las instituciones y empresas del Estado Mexicano orientada al trabajo en beneficio de todas y todos los mexicanos así como también a la defensa y recuperación de la Soberanía cultural que, encarnada como Patrimonio y Pluridentidad Nacional, constituye el elemento que proporciona cohesión, contenido social y cultural al Estado mexicano, a sus instituciones y a todos sus habitantes, de frente a la profundización de la alienación generada por el capitalismo en su forma Neoliberal. Para recuperar la soberanía popular, energética, alimentaria y cultural, se requiere refundar la República y rescatar los principios fundamentales de la Constitución de 1917 que han sido desvirtuados por el régimen a través del poder concedido al Constituyente Permanente.

Es ante la incompetencia, el autoritarismo y la traición, que consideramos que la mejor opción es orientar a México hacia la democracia directa, intensificar el desarrollo del pueblo en la cultura democrática para implementar las figuras y las facultades de planeación participativa, de co-gobierno y de participación ciudadana que deriven en una gestión de los recursos nacionales en beneficio de la República. Por lo tanto, es la voluntad general del Pueblo de México, revisar, debatir, difundir y re-elaborar los planes y programas económicos nacionales así como participar activamente en el diagnóstico, diseño, instrumentación y evaluación de las políticas públicas, para lo cual las organizaciones de contribuyentes, los sindicatos, los productores agropecuarios y las asociaciones de micros y pequeños empresarios, las instituciones académicas y todos los actores sociales, económicos y políticos, debemos establecer el diálogo necesario para diseñar estos mecanismos de participación. Proponemos, también, la vigilancia ciudadana del ejercicio de los presupuestos pero también del ingreso público y la recaudación arancelaria para evaluar la honestidad de los servidores públicos y la eficiencia de las políticas implementadas.

La quiebra financiera del país debida principalmente al entreguismo de los gobiernos, agravada por la situación de crisis económica mundial, nos obliga a la revisión de las estrategias públicas adoptadas por el Estado mexicano, tendentes a desaparecer el aparato productivo nacional, hacen indispensable la reflexión en torno a la constitución de un Nuevo Pacto Social que garantice la Soberanía política, económica y cultural de la Nación estableciendo las condiciones necesarias para un desarrollo social que tienda a la Justicia, con equidad y sustentabilidad.
Es por lo anterior que proponemos, como base para la recuperación de la Soberanía, lo siguiente:
1. Soberanía Política. Nuestro país ha sufrido, desde tiempo inmemorial, el constante ataque a la integridad de su territorio, a la explotación de sus recursos naturales y a nuestra industria que nos obliga a la reafirmación de los valores e identidades originarias, así como a la conformación de un gran movimiento defensor de nuestras instituciones que nos permita hacer frente al embate que pretende no sólo la explotación económica de nuestros recursos, sino el establecimiento de un Estado que sirva directamente a sus intereses, a través de mecanismos que favorezcan los procesos de integración subordinada, como el ASPAN y la Iniciativa Mérida, por medio de los cuales se somete a las instituciones de seguridad nacionales y como el TLCAN, que cede nuestros recursos.

La recuperación de la Soberanía popular pasa por hacer efectivo el artículo 39 constitucional que, a la letra dice: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Asimismo, debemos recuperar, de frente a las intenciones imperialistas extranjeras, la Soberanía del Estado Mexicano, salvaguardando las instituciones y fronteras de cualquier interferencia externa que desvirtúe su naturaleza y objetivos: actuar en beneficio del Pueblo de México, buscando su felicidad.

Para la República Mexicana, el valor sagrado de la libertad es razón y sustento de los pactos sociales que se han establecido y, dentro de ellos, la voluntad popular determinó la laicidad del Estado como garantía plena del soberano ejercicio de las libertades a practicar cualquier religión, a decidir sobre la sexualidad y el proyecto individual de vida, el ejercicio de la libertad de expresión y de prensa, la independencia individual y colectiva, el patriotismo, la diversidad, la historia, la ciencia, la cultura y la libertad de elección democrática como la máxima expresión política de la voluntad popular.

Es por ello que es voluntad del pueblo mexicano que las instituciones nacionales no estén subordinadas a poderes extranjeros. La existencia en México del régimen oligárquico, con gobiernos ilegales e ilegítimos, responde a los intereses del capital financiero internacional, específicamente, de los Estados Unidos, que buscan reducirnos a consumidores pasivos de productos de extranjeros, debilitando intencionalmente a la industria y al campo nacionales.

La voluntad general del Pueblo de México es cambiar su forma de gobierno actual y a sus representantes en todos los niveles, para establecer sistemas efectivos de vigilancia y fiscalización para que las autoridades cumplan en beneficio colectivo, garantizando los derechos humanos, económicos, sociales, culturales y ecológicos, individuales, sociales y de comunidad. Las decisiones económicas de los gobiernos deberán quedar sujetas a un permanente sistema de rendición de cuentas y de responsabilidades de los funcionarios públicos, cuyo incumplimiento será causa de la revocación de su mandato.

Resulta indispensable renunciar a los dictados internacionales que atentan contra nuestra capacidad de decisión, recuperando nuestros principios de política internacional que, como Nación neutral, hemos enarbolado: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, y por lo tanto, exhortaremos a las naciones amigas y socios comerciales, a consolidar procesos de resolución pacífica de controversias y de respeto a la autodeterminación de los pueblos, así como a un mayor compromiso con la sustentabilidad ambiental de nuestro planeta.

2. Soberanía Económica. En este marco, nuestro país ha sido objeto no sólo de una intervención económica extranjera directa que pretende el control financiero y político de nuestro país, sino de la creación de redes de interés factico que intervienen en todos los asuntos de la vida pública nacional, únicamente para garantizar su beneficio. Es por ello que estos mecanismos de subordinación nos han conducido a la desaparición de la estructura productiva del país, como la agricultura, la industria y los servicios, generando una dependencia perversa de la economía internacional.

Salvaguardar los recursos energéticos que nuestro país posee, como el petróleo y sus derivados, la electricidad, la energía nuclear, eólica, los recursos minerales e hidrológicos las fuentes alternativas y el territorio, que son propiedad colectiva y constituyen parte del patrimonio de la Nación. Por ello, debemos tener la capacidad técnica y tecnológica para apropiarnos de los beneficios que producen y defenderlos. Su aprovechamiento debe permitir el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales para enfrentar, con éxito, los embates del imperialismo económico y las intenciones de integración subordinada al poder estadounidense que se ha desplegado, en nuestra contra, históricamente, acentuándose en las últimas décadas.

Lo anterior pasa también, por el ineludible compromiso del nuevo Régimen Republicano de fortalecer la economía nacional, eliminando a los oligopolios y a las prácticas monopólicas y fortaleciendo las micro y pequeñas industrias y todas las formas cooperativas, sociales y comunales de producción, con mecanismos para financiar al gobierno después de un crecimiento productivo, creando las condiciones indispensables que permitan la generación social y privada de riqueza, tal que permita construir la felicidad de nuestro pueblo.

Debemos volver a producir en el campo, los bosques, los cuerpos de aguas y litorales de México todo el alimento que consumamos los mexicanos. Para ello, requerimos aumentar los recursos públicos destinados para el campo y la industria, de la educación como pilar fundamental del desarrollo, de la cultura como instrumento constructor de ciudadanía y de la ciencia y la tecnología como fuentes de la industrialización, aprovechando democráticamente los beneficios de las sociedades del conocimiento.

3. Soberanía Alimentaria. La alimentación es asunto de soberanía nacional. El alimento es el insumo esencial para la salud y la educación. Sin alimento no entran las letras. Es el elemento básico de justicia y representa un indicador de progreso social.

La soberanía alimentaria significa que la Nación Mexicana salvaguarda y se reserva en exclusiva las decisiones relacionadas con la producción agropecuaria y la satisfacción de las necesidades alimentarias básicas de la población; es la libre determinación del país, en materia de producción, abasto y acceso de alimentos para toda la población basada fundamentalmente en la producción nacional y en el abasto oportuno, suficiente, incluyente e inocuo a la población nacional.

La actual crisis alimentaria no es producto de la casualidad. Ésta tiene sus propias causas, sus propios responsables y sus propios beneficiarios. Las causas son la aplicación de políticas neoliberales de producción agrícola para la explotación, la producción de los agronegocios, la producción de un monocultivo, la liberación del comercio, la especulación financiera de los productos agrícolas, el desmantelamiento de instituciones y formas de protección de la agricultura nacional y de las formas de producción locales y comunitarias; además de los incrementos exorbitantes en los precios del petróleo y del despojo de las tierras y territorios de nuestros pueblos campesinos e indígenas, que no sólo nos empobrece sino que destruye nuestras propias formas de vida y atenta contra nuestra sobrevivencia.

El cambio climático continuará empeorando las condiciones de vida de agricultores, pescadores y quienes viven de los bosques, poblaciones ya de por sí vulnerables y en condiciones de inseguridad alimentaria.

Por tanto, se requiere transformar este sistema de producción agrícola; demandamos el cambio de paradigma del modelo de producción a uno basado en la producción campesina de pequeña escala, de pesca artesanal, de respeto a los derechos culturales y a los territorios de los pueblos indígenas y a sus formas comunitarias de producción para alcanzar: soberanía y seguridad alimentaria para México; modernización, democratización y humanización del mundo del trabajo y elevar las condiciones de vida de la población en general, con especial énfasis en el respeto irrestricto al derecho a la alimentación.

4. Soberanía Cultural. Los débiles y dependientes regímenes han considerado a la cultura como un mero objeto, no como un derecho humano, sin tomar en cuenta que la cultura es el elemento fundamental en la construcción de cohesión e identidad de la sociedad mexicana y los pueblos originarios. La cultura, como afirma la UNESCO, nos hace “seres específicamente más humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos”, metas tan necesarias en la reconstrucción de la República. La cultura brinda un contenido distintivo a un importante número de actividades relacionadas con la economía de servicios, como son nuestros atractivos turísticos; nuestros servicios gastronómicos; nuestra extraordinaria oferta museística, teatral, cinematográfica, musical; nuestras ferias y fiestas regionales, nuestras lenguas originarias, etc. En síntesis, la cultura forma parte integral de los procesos económicos y resulta por tanto generadora de puestos de trabajo.

Sólo la educación integral del pueblo mexicano y la total recuperación de la consciencia histórica nos permitirán garantizar el libre ejercicio de la soberanía popular. La defensa de la Patria pasa por recuperar su identidad y el patrimonio nacionales y, consecuentemente, garantizar el derecho del pueblo al acceso a la cultura, al disfrute de los bienes así como de los servicios que presta el Estado en la materia. El ejercicio de la soberanía se debe, asimismo, entender como garantía individual y colectiva de los derechos culturales, fincados en el respeto a la diversidad cultural, en todas sus manifestaciones y expresiones y el indeclinable respeto a la libertad creativa.